El último paciente (VI y final)



Fue al día siguiente cuando volvieron a encontrarse enfermo y doctor. Tumbado en el diván, el enfermo comenzaba a describir su inédito sueño. Tras una noche para olvidar, la víctima de tan desdichada obligación que supone tener que escuchar el relato de su propia muerte, aguardaba confuso el desenlace.

-No tuve la certeza de saber que se tratara de usted hasta que recordé su despacho.
-No me diga.
-Todo empezó con usted en esta misma habitación, y creo recordar que se trataba de la última hora de la tarde, a juzgar por la iluminación de la sala.
-Recuerdo también que se sentía muy cansado en mi sueño. A la vez parecía inquieto y con ganas de abandonar la consulta. Como si usted tuviera algún tipo de tarea programada.
-Luce usted una memoria impresionante-, comentó el doctor de forma irónica.
-Se dirigió al mostrador donde trabaja su enfermera frente a la sala de espera y regresó a su escritorio con un manojo de llaves en la mano-. El doctor Gámez se reconoció en aquel instante con total exactitud en el relato de su paciente. De hecho, podía visualizarlo con absoluta claridad. Una terrible sacudida de profundo dolor invadió su estómago.

-Soñé su muerte por infarto doctor-. Los apuntes del doctor Gámez se fueron al suelo en el momento que sintió una fuerte opresión en su esternón.

El doctor Gámez, postrado en su sillón y cubierto de sudor, fue encontrado la noche del viernes en su despacho. Le descubrió su enfermera y, tras confirmar su muerte, halló la ficha de un paciente del que nunca había tenido noticia junto al cadáver. Extrañada, arrojó las indescifrables anotaciones del doctor a la papelera.

Unknown

El último paciente (V)



Sus gafas acabaron en el suelo intentando localizar su teléfono en la mesita de noche. Eran las cuatro de la mañana cuando le llamó su inoportuno último paciente.

-¿Dígame?-espetó como si acabara de activar su propio piloto de emergencia.
-Soy yo doctor-. Inmediatamente le vino a su mente el rostro indescriptible de aquella tarde.
-¿Y bien?, ¿cómo ha conseguido mi número personal si puede saberse?
-Yo necesito un seguimiento exhaustivo doctor. No es tan difícil encontrarlo si uno se lo propone-. No le gustó nada el tono de su respuesta.
-Dígame qué quiere, por Dios, es muy tarde, estaba durmiendo.
-Usted que puede-, le contestó de forma abrupta.
-Debería saber que no sólo sueño mi desgracia doctor.
-¿A qué se refiere?.
-Acabo de contemplar la suya.

Aunque al doctor Gámez le sonó a farol, sintió un ligero pálpito en su pecho.

-Mañana me lo cuenta, ¿de acuerdo?-. Y colgó el teléfono tan rápido como sus reflejos se lo permitieron a aquellas horas de la madrugada.

En aquella ocasión no sólo permaneció despierto el paciente.

Unknown

Berlín




Busco tu rastro aunque llegué sabiendo que no iba a dar con él
sin embargo, reconozco las huellas de tu visita
me guío por tus fotos, me guío por tus instintos
y adivino dónde estuviste

porque no compartimos Berlín
al menos no en el mismo momento
pero yo hago por hacerlo nuestro ahora
y a lo largo de mis pasos te imagino conmigo

no estuvimos juntos en Berlín
y mañana seguiré buscando tu rastro
cada rincón de la ciudad me recordará a tí
aunque nunca estuvimos juntos en Berlín

Fuímos separados por el mismo muro
que separó a la ciudad
y la ciudad se unió como nosotros lo haremos pronto
Berlín es la última estación de este largo viaje

pero la realidad es más amplia
sin saberlo tú estuviste en Berlín conmigo
y yo hago lo mismo contigo ahora
y pasearemos siempre juntos por Berlín

Unknown

El último paciente (IV)



De un respingo el doctor Gámez ocupó el lugar más alto de su sillón.

-¿Usted ha soñado con su propia muerte?.
-Sí doctor, y lo peor de todo es que además de soñarlo cada noche, mi muerte se produce cada vez de manera muy distinta.
-No lo entiendo.
-Mire..., hay veces en que muero por accidente de tráfico. Otras veces se trata de una muerte por arma blanca en un atraco, e incluso de un fatídico golpe en la ducha. Lo que se mantiene inmutable, lo que es constante, es que irremediablemente sueño cada noche una muerte diferente-le espetó el paciente con total naturalidad.
-Pero eso no es posible, no es humano quiero decir-, le replicó el doctor.
-Simplemente le cuento lo que me ocurre y sinceramente doctor, necesito ayuda. Necesito una solución a mi problema, no puedo seguir así más tiempo sin que me vuelva loco de forma irreversible.
-Le entiendo, y de verdad que me intento poner en su lugar y no sé qué decir-. Gámez, doctor por una prestigiosa universidad y especialista en la interpretación de sueños, nunca se había enfrentado a un caso clínico de tal calibre.

Cuando su último paciente abandonó la consulta era demasiado tarde para acudir a su cita. Recogió sus bártulos en su ya arrugado maletín y se aseguró de cerrar bien la puerta como le aseguró a su secretaria. Tardaría veinte minutos en llegar a su casa y anhelaba pasar aquella noche con su mujer y sus hijos. Antes de arrancar el coche se prometió ayudar a aquel desconcertante personaje. Aquel que era capaz de soportar el terrible calvario de presenciar su propia muerte cada noche y prolongar la vigilia hasta la extenuación.

-Fue una visita difícil de olvidar-, pensó , y puso en marcha su coche deseando llegar a casa.

Unknown

El último paciente (III)



-Recuerdo lo que sueño, y mis sueños son espantosos, tanto, que cuando por fin me despierto corro aterrado a palparme la cara como si fuera un milagro notar mi carne y demostrarme estar vivo-. El doctor se dio cuenta que en el transcurso de su relato, su extraño paciente mutaba sus ojos al tamaño de sus lentes.

-Y lo peor de todo, créame doctor, es que mi sueño jamás se repite. Sin embargo, termino desvelándome hasta la mañana siguiente sin apenas dormir más de media hora.
-Parecía que lo estuviera soñando ahora-, pensó el doctor a tenor del estremecimiento de su interlocutor.

-Sueño mi muerte.

Unknown

El último paciente (II)

-Gracias por recibirme doctor Gámez. Le agradezco el esfuerzo, soy consciente de la hora y prometo ser breve.
-Pues usted me dirá-. El doctor Gámez, tras revisar la ficha del paciente, se irguió en su asiento y apoyó la barbilla en sus manos en forma de uve esperando lo que su inquietante paciente tenía que decir.
-Mire doctor-, el paciente hizo una pausa antes de seguir, -he visitado todos y cada uno de los psicoterapeutas y psicólogos de la ciudad y alrededores-. Su voz resultaba imperceptible a veces, por lo que el doctor tenía que prestar mucha atención a lo que de su boca se desprendía. Era una forma de hablar apocada, pareciendo elegir la palabra adecuada en cada instante.
-He acudido a todos los especialistas que, como usted, pensaba estaban en facultad de solucionar mi problema-, continuó el paciente, -sin embargo, todo ha sido en vano y el resultado es que llevo sin poder dormir más de tres meses, al menos no de forma regular.



El doctor Gámez no había percibido las horribles ojeras que colgaban de los ojos de su paciente, quizá debido, supuso, a sus enormes gafas. Notó el nerviosismo en su forma de describir el problema y lo entendió, no podía ser menos, cuando se trataba de una falta de sueño tan considerable.

Unknown

El último paciente (I)

Se dejó caer en el sillón con desgana. Faltaban apenas cinco minutos para abandonar la consulta y las últimas molestias en el pecho le recordaron su cita con el médico especialista a las ocho y media.

Mientras revisaba la agenda del día siguiente llamó su secretaria a la puerta.
-Ha llegado un paciente ahora mismo y no he podido persuadirle de que la consulta está a punto de cerrar y no tiene cita. Dice que es muy importante que hable con usted-. Su secretaria mostraba también interés en salir del trabajo ante la inminente llegada del fin de semana.
-No se preocupe, me ocuparé yo mismo de cerrar la consulta cuando termine. Puede irse, le deseo un buen fin de semana.
-Gracias doctor, de veras que se lo agradezco-. Su secretaria le obsequió con una amplia sonrisa y cerró suavemente la puerta tras de sí.



Resignado ante la inesperada visita, se deslizó entre el escritorio y la gran cortina que impedía el paso de los rayos de sol aquel día tan luminoso. Subió con delicadeza la persiana del ventanal principal, evitó con la soltura acostumbrada el diván y se dirigió a la sala de espera. Allí le esperaba un hombre de aspecto apacible. Era un hombre diminuto y su rasgo más destacable eran sus gafas cuadradas y desproporcionadas, que en vez de adornar su cara le infligían a su rostro un carácter misterioso y un tanto desconcertante.

Unknown