El último paciente (VI y final)

Fue al día siguiente cuando volvieron a encontrarse enfermo y doctor. Tumbado en el diván, el enfermo comenzaba a describir su inédito sueño. Tras una noche para olvidar, la víctima de tan desdichada obligación que supone tener que escuchar el relato de su propia muerte, aguardaba confuso el desenlace.
-No tuve la certeza de saber que se tratara de usted hasta que recordé su despacho.
-No me diga.
-Todo empezó con usted en esta misma habitación, y creo recordar que se trataba de la última hora de la tarde, a juzgar por la iluminación de la sala.
-Recuerdo también que se sentía muy cansado en mi sueño. A la vez parecía inquieto y con ganas de abandonar la consulta. Como si usted tuviera algún tipo de tarea programada.
-Luce usted una memoria impresionante-, comentó el doctor de forma irónica.
-Se dirigió al mostrador donde trabaja su enfermera frente a la sala de espera y regresó a su escritorio con un manojo de llaves en la mano-. El doctor Gámez se reconoció en aquel instante con total exactitud en el relato de su paciente. De hecho, podía visualizarlo con absoluta claridad. Una terrible sacudida de profundo dolor invadió su estómago.
-Soñé su muerte por infarto doctor-. Los apuntes del doctor Gámez se fueron al suelo en el momento que sintió una fuerte opresión en su esternón.
El doctor Gámez, postrado en su sillón y cubierto de sudor, fue encontrado la noche del viernes en su despacho. Le descubrió su enfermera y, tras confirmar su muerte, halló la ficha de un paciente del que nunca había tenido noticia junto al cadáver. Extrañada, arrojó las indescifrables anotaciones del doctor a la papelera.
-No tuve la certeza de saber que se tratara de usted hasta que recordé su despacho.
-No me diga.
-Todo empezó con usted en esta misma habitación, y creo recordar que se trataba de la última hora de la tarde, a juzgar por la iluminación de la sala.
-Recuerdo también que se sentía muy cansado en mi sueño. A la vez parecía inquieto y con ganas de abandonar la consulta. Como si usted tuviera algún tipo de tarea programada.
-Luce usted una memoria impresionante-, comentó el doctor de forma irónica.
-Se dirigió al mostrador donde trabaja su enfermera frente a la sala de espera y regresó a su escritorio con un manojo de llaves en la mano-. El doctor Gámez se reconoció en aquel instante con total exactitud en el relato de su paciente. De hecho, podía visualizarlo con absoluta claridad. Una terrible sacudida de profundo dolor invadió su estómago.
-Soñé su muerte por infarto doctor-. Los apuntes del doctor Gámez se fueron al suelo en el momento que sintió una fuerte opresión en su esternón.
El doctor Gámez, postrado en su sillón y cubierto de sudor, fue encontrado la noche del viernes en su despacho. Le descubrió su enfermera y, tras confirmar su muerte, halló la ficha de un paciente del que nunca había tenido noticia junto al cadáver. Extrañada, arrojó las indescifrables anotaciones del doctor a la papelera.



