El último paciente (V)

Sus gafas acabaron en el suelo intentando localizar su teléfono en la mesita de noche. Eran las cuatro de la mañana cuando le llamó su inoportuno último paciente.
-¿Dígame?-espetó como si acabara de activar su propio piloto de emergencia.
-Soy yo doctor-. Inmediatamente le vino a su mente el rostro indescriptible de aquella tarde.
-¿Y bien?, ¿cómo ha conseguido mi número personal si puede saberse?
-Yo necesito un seguimiento exhaustivo doctor. No es tan difícil encontrarlo si uno se lo propone-. No le gustó nada el tono de su respuesta.
-Dígame qué quiere, por Dios, es muy tarde, estaba durmiendo.
-Usted que puede-, le contestó de forma abrupta.
-Debería saber que no sólo sueño mi desgracia doctor.
-¿A qué se refiere?.
-Acabo de contemplar la suya.
Aunque al doctor Gámez le sonó a farol, sintió un ligero pálpito en su pecho.
-Mañana me lo cuenta, ¿de acuerdo?-. Y colgó el teléfono tan rápido como sus reflejos se lo permitieron a aquellas horas de la madrugada.
En aquella ocasión no sólo permaneció despierto el paciente.
-¿Dígame?-espetó como si acabara de activar su propio piloto de emergencia.
-Soy yo doctor-. Inmediatamente le vino a su mente el rostro indescriptible de aquella tarde.
-¿Y bien?, ¿cómo ha conseguido mi número personal si puede saberse?
-Yo necesito un seguimiento exhaustivo doctor. No es tan difícil encontrarlo si uno se lo propone-. No le gustó nada el tono de su respuesta.
-Dígame qué quiere, por Dios, es muy tarde, estaba durmiendo.
-Usted que puede-, le contestó de forma abrupta.
-Debería saber que no sólo sueño mi desgracia doctor.
-¿A qué se refiere?.
-Acabo de contemplar la suya.
Aunque al doctor Gámez le sonó a farol, sintió un ligero pálpito en su pecho.
-Mañana me lo cuenta, ¿de acuerdo?-. Y colgó el teléfono tan rápido como sus reflejos se lo permitieron a aquellas horas de la madrugada.
En aquella ocasión no sólo permaneció despierto el paciente.
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