El último paciente (II)

-Gracias por recibirme doctor Gámez. Le agradezco el esfuerzo, soy consciente de la hora y prometo ser breve.
-Pues usted me dirá-. El doctor Gámez, tras revisar la ficha del paciente, se irguió en su asiento y apoyó la barbilla en sus manos en forma de uve esperando lo que su inquietante paciente tenía que decir.
-Mire doctor-, el paciente hizo una pausa antes de seguir, -he visitado todos y cada uno de los psicoterapeutas y psicólogos de la ciudad y alrededores-. Su voz resultaba imperceptible a veces, por lo que el doctor tenía que prestar mucha atención a lo que de su boca se desprendía. Era una forma de hablar apocada, pareciendo elegir la palabra adecuada en cada instante.
-He acudido a todos los especialistas que, como usted, pensaba estaban en facultad de solucionar mi problema-, continuó el paciente, -sin embargo, todo ha sido en vano y el resultado es que llevo sin poder dormir más de tres meses, al menos no de forma regular.



El doctor Gámez no había percibido las horribles ojeras que colgaban de los ojos de su paciente, quizá debido, supuso, a sus enormes gafas. Notó el nerviosismo en su forma de describir el problema y lo entendió, no podía ser menos, cuando se trataba de una falta de sueño tan considerable.

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