Praga, las 10 de la mañana (I)
Sucedió en Praga, en el barrio de Mala Strana. Bajo la manta de colores desgastados se acurrucaba una mujer que aún conservaba parte del gesto altivo que alguna vez pudiera haber portado. La descubrí junto al viejo muro derrotado por el grafiti, símbolo de una época pasada de la ciudad.

Yo formaba parte del decorado en aquel lugar centenario, siempre atestado de turistas, de gente circunstancial, de números al fin y al cabo. Me fijé en ella como ella no reparó en mí. Cargado con mi mochila de viajero al uso proseguí mi ruta prefijada por la guía de bolsillo. Sin embargo, sin darme cuenta, desde aquel justo momento, añadí a mi estancia en Praga un nuevo punto de interés.

Yo formaba parte del decorado en aquel lugar centenario, siempre atestado de turistas, de gente circunstancial, de números al fin y al cabo. Me fijé en ella como ella no reparó en mí. Cargado con mi mochila de viajero al uso proseguí mi ruta prefijada por la guía de bolsillo. Sin embargo, sin darme cuenta, desde aquel justo momento, añadí a mi estancia en Praga un nuevo punto de interés.
continuará
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